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Organizarnos políticamente contra el tradicionalismo golpista es un imperativo
Por César Lazo
Unión de Escritores y Artistas de Honduras
Ø El presente nos obliga imperativamente a impulsar un proceso de organización política de nuevo tipo, o una alianza amplia de reivindicación nacional como expresión consciente de los hondureños…
Ø el Frente de Resistencia Popular debe retomar la senda de una verdadera estrategia de lucha unitaria para enfrentarnos al tradicionalismo político…
Ø Lo anterior implica además ir creando las bases para que en un futuro inmediato elegir un gobierno democrático y de unidad nacional que aglutine a los hondureños para retomar la senda del desarrollo en su significado más amplio.
La vía del diálogo es la salida planteada por el imperio, después de mirar la reacción de nuestro pueblo ante el zarpazo golpista en Centroamérica, cuyo propósito inmediato es romper un eslabón, que ellos han considerado débil, para seguir con su escalada de desestabilización política continental, con el fin de detener la unidad de los pueblos de América Latina, que se van adhiriendo a la Alternativa Bolivariana ALBA.
La intervención directa y descarada de los Halcones (derecha guerrerista) de EE.UU y la CIA (que sigue activa aunque muchos digan que es pasado) y los grupos de poder claramente señalados, en el golpe de Estado en Honduras, es una evidencia irrefutable, que la democracia representativa en nuestro país y en otros, es frágil, porque el marco jurídico predominante responde a mantener el estado de cosas, perpetuando en el poder a quienes defienden sus privilegios a cualquier precio; por eso la intolerancia es una praxis cotidiana, aunque muchas veces imperceptible; la gran potencia con sus aliados siguen y seguirán oponiéndose al desarrollo de las ideas y de la conformación del pensamiento nacional, que permita que el común de los hondureños, en nuestro caso, compartan una visión de país, de mirar de frente la vida y confrontar la realidad para transformarla en beneficio de todos y todas.
Después de varios días de resistencia popular, de marchas pacificas, de represión, de persecución y asesinatos selectivos, del bombardeo mediático que nos asedia con la calumnias burda, como parte de una guerra psicológica, la gente se incorpora y otros se cansan, aunque no se retiran, el pueblo sigue firme, participando de diferentes formas en la resistencia; empero el desgaste tarde o temprano llegará y es ahí donde debemos actuar con serenidad y debemos estar preparados para combinar esfuerzos que nos permitan seguir hacia delante, hasta la victoria popular.
La coyuntura nos indica que no es momento de desfallecimiento y de caer al inmovilismo, de renunciar a la lucha por restituir el orden constitucional, que en este momento no puede pasar sin que se restituya al presidente electo por el pueblo, Manuel Zelaya Rosales, y la aplicación del castigo a quienes violentaron una vez más la Constitución que hipócritamente alegan defender.
Debemos estar cocientes que la lucha recién inicia y que los golpistas no sólo tratan de ganar tiempo sino que tratan de desgastarnos, de llevarnos al cansancio y a la renuncia de nuestro deber patriótico de alcanzar el objetivo de sustituir el resquebrajado y frágil marco jurídico vigente, que sólo sirve a ciertos grupos. Ellos pretenden llevarnos a participar en un proceso electoral que en este momento sólo sirve para avalar las posiciones políticas de los golpistas; no podemos caer en el engaño ni ser transigentes con aquellos que nos traicionaron y violentan nuestro derecho a opinar, llegando hasta el asesinato de los opositores.
Vale la pena recordar que en Honduras existen familias con apellidos de abolengo que genealógicamente son ascendente de ciertos sujetos, criminales, que en el pasado, cuando predominaba el enclave bananero, eran los peones de las transnacionales promotoras de levantamientos y golpes de estado (derrocamientos) donde la “sucesión de poder” era parte de la cotidianidad hondureña.
Estos grupitos ligados por lazos filiales lucharon contra Morazán hasta su muerte y secuestraron a Honduras hace 167 años; diecisiete décadas de atropello e irrespeto y violación sistemática de los derechos de la persona humana. Ellos convirtieron a nuestro país en una isla, la hundieron en el atraso, en la ignominiosa pobreza generada por la dependencia. Ellos alquilaron el país por un plato de lentejas a los consorcios bananeros, ellos han sido saqueadores del erario nacional y se han alternado en el poder y han tenido el poder de decisión para enajenar nuestros recursos naturales y regalárselo a los nuevos grupos de poder que lideran los Facusse, Kaffy, Canahuati, Atalas y otros de menor cuantía.
Desde hace 167 años cualquier postura política de cambio ha sido callada violentamente; todo esfuerzo organizativo es aplastado por la fuerza de los fusiles o por el uso de recursos de la alienación del pueblo. Por eso por muchos años se le negó el alfabeto al pueblo hasta la década de los cincuenta del siglo XX y se han esforzado por mantener un proceso educativo bancario y domesticador, impulsando el facilismo que promueve al educando sin ningún esfuerzo.
En los últimos veintinueve años han venido predicando, desde su comodidad y conveniencia, que Honduras recobró la democracia cuando en 1980 los militares golpistas trasladaron el poder a los civiles a través de una Constituyente, pero los cambios encaminados al desarrollo y a la democratización del país no ha sido posible ni superado el bipartidismo controlado por estos clanes, cuyas candidaturas son financiadas y promovidas mediáticamente por los nuevos grupos de poder económico, que además han logrado que los activistas manejen la consigna: “Fulano si quiere ser presidente tiene que hacer cola”; pero, a excepción de Carlos Roberto Reina, que fue aspirante a la presidencia desde 1965 hasta su triunfo en 1993, ninguno de los presidentes electos legalmente esperó su turno por derecho de militancia partidaria o de participación. Todos fueron “candidatos” propuesto por los potentados que luego recibieron la bendición de la embajada gringa en Honduras.
El golpe de Estado nos ha despertado, porque hemos sido victimas del engaño necio, propio y de los demás, que la mayoría no podía discernir las promesas políticas e incluso nos dejamos engañar por los falsos pastores, traidores de la fe, vendedores de indulgencias y milagros y que ya se quitaron la máscara. De ahí que hasta el 28 de junio no tuviéramos claridad en nuestro caminar y el horizonte era borroso por el engaño y la enajenación mediática, por la manipulación que proviene de las instancias más altas del poder político y económico.
El presente nos obliga imperativamente a impulsar un proceso de organización política de nuevo tipo, o una alianza amplia de reivindicación nacional como expresión consciente de los hondureños que retomando los principios y valores democráticos, asuman como un derecho y una responsabilidad histórica, legítima e irrenunciable, la tarea de enarbolar las banderas del cambio en el marco democrático con el fin de borrar la desesperanza y la desconfianza generada por las acciones anti hondureñistas de la casta política que nos ha gobernado; desconfianza que hoy nos vuelve victimas fácil ante los lobos que se visten de ovejas para lograr su propósitos antipatrióticos.
El pentágono y sus aliados, los grupos de poder y el bipartidismo, con su acción golpista, ha intentado cerrar la puerta de la democracia participativa; el mensaje es que el pueblo no tiene derecho a opinar en las decisiones nacionales que tocan los interese transnacionales; de ahí que, urgentemente, el Frente de Resistencia Popular debe retomar la senda de una verdadera estrategia de lucha unitaria para enfrentarnos al tradicionalismo político; tal estrategia debe tomar en cuenta que nos enfrentamos a un grupo antagonista con poder económico y un ejército servil; definir y señalar a ese antagonista es fundamental.
Por otro lado, se debe definir las formas de organización política donde no tenga cabida el sectarismo y las posiciones excluyentes, propias de la antidemocracia tradicional. Los actores deben anteponer su voluntarismo e interés y deseo particular.
Y por último definir con claridad una alternativa de poder social, que responda a la necesidad objetiva de Honduras y a nuestras aspiraciones de convivir en paz con justicia social.
Lo anterior significa aglutinar a los hondureños, independientemente de su militancia partidaria y clase social, alrededor de un planteamiento político que conlleve a obtener una Constitución de la República que le otorgue soberanía real con poder de decisión al pueblo.
Lo anterior implica además ir creando las bases para que en un futuro inmediato elegir un gobierno democrático y de unidad nacional que aglutine a los hondureños para retomar la senda del desarrollo en su significado más amplio. Significa también construir una fuerza política que a nivel nacional, facilite la implementación de estrategias y modelos de desarrollo y de vida, acorde con las aspiraciones e intereses municipales, departamentales y del país.
Es necesario que el pueblo organizado tome conciencia y se apropie de esta realidad y asuma su papel histórico correspondiente, no se trata de pedir solución, se trata de caminar, de accionar, de participar, de proponer, de convertirnos en pueblo, suponiendo que pueblo etimológicamente significa: “el que tiene poder de decisión” y se convierte en tal cuando está organizado, cuando enarbola una idea, un planteamiento, cuando propone y dispone con el fin de transformar la realidad con un criterio de equidad, solidaridad y construir una sociedad donde el individuo es el objetivo de la sociedad y donde el individuo es un sujeto de cambio constante.
Sólo así, pienso, podremos, gobierno y pueblo, dirigir el accionar político hacia la solución de los grandes problemas sociales que afectan a Honduras.
Hoy más que nunca estamos seguros que no podemos seguir interpretando el desarrollo como el crecimiento de la economía, al margen de la calidad de vida de los ciudadanos. Se trata de estructurar un modelo de desarrollo integral e integrado, tal como los plateó Pablo VI en su encíclica Populorum Progressio que decía: “Para ser autentico el desarrollo debe ser integral, es decir promover todo hombre, todo el hombre, a todos los hombres”.
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